Educación

¿Música de cámara? Mejor sin prejuicios 

prejuicios

Y te preguntarás, ¿Pero qué tienen que ver los prejuicios con la música de cámara?

Y la verdad es que influyen mucho más de lo que nos imaginamos, y no especialmente de forma positiva.

Los prejuicios tienden a ser personales, hacia uno o varios de los compañeros e incluso hacia uno mismo.

Hay que saberlos identificar e intentar deshacerse de ellos antes de ir a un ensayo, de lo contrario pueden llevarte a provocar situaciones tensas entre los compañeros e incluso la disolución del grupo.

Pero ¿De dónde vienen los prejuicios?

Cuando cogemos un instrumento en nuestras manos por primera vez, nuestro primer impulso es tocarlo y disfrutar con él. Poco a poco  a nuestras ganas de disfrutar tocando y descubriendo el instrumento, se añaden las de querer mejorar día a día y hacerlo cada vez mejor. En ocasiones, comenzamos a ser conscientes de nuestro entorno y de que hay más personas a nuestro alrededor que tocan el mismo instrumento y empezamos a compararnos con ellos.

Cuando esta comparación se convierte en nuestro punto de referencia y lo utilizamos como un nivel que hay que superar, podríamos decir que surge la competitividad.

La competitividad puede ser algo bueno si se vive de forma positiva y personal, como una especie de motivación para dar lo mejor de nosotros mismos. Pero por el contrario, una competitividad mal enfocada puede convertirse en algo muy negativo, que puede llevar a la persona a frustrarse e inundarse de un estrés innecesario por perseguir un objetivo muchas veces inalcanzable. Cuando este tipo de competitividad no es parte únicamente de una persona, sino que pasa a formar parte de un entorno – como puede ser un centro de estudios – suele ser cuando se empieza a etiquetar a los compañeros con valoraciones tales como ‘es buenísimo, tiene una técnica increíble’, ‘es malo, tiene problemas de afinación’, ‘es muy bueno, siempre lleva premio en los concursos’, ‘toca bien, pero no es especial’…

Ahora imaginémonos que a estos 4 compañeros descritos anteriormente les han pedido que se junten para hacer una serie de conciertos. Si todos ellos van a ensayar sin prejuicio alguno, lo más probable es que todos estén abiertos a las propuestas de los compañeros, a trabajar la obra planteándose los distintos puntos de vista de cada uno, en definitiva, a ensayar sin crear limitaciones.

¿Pero qué pasaría si entraran al aula de ensayo cargados de prejuicios?

Puedes seguir leyendo el artículo en la nueva web del blog.

www.lahabitaciondelamusica.com

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